Los niños no nacen sabiendo decir “estoy nervioso” o “tengo miedo”. A menudo expresan sus emociones a través de su conducta: rabietas, silencios prolongados, llanto sin motivo aparente o quejas físicas como dolor de tripa antes de ir al colegio. Para ellos, estas reacciones son su forma de decir “algo me pasa”, aunque todavía no tengan las palabras para explicarlo.
Ayudarles a poner nombre a lo que sienten es como darles un diccionario emocional que les permitirá entenderse mejor a sí mismos y comunicarse con los demás.
Por qué es importante enseñar a nombrar las emociones
Los niños que aprenden a identificar sus emociones desarrollan más inteligencia emocional y tienen más herramientas para manejar situaciones difíciles. Saber decir “estoy triste” o “estoy enfadado” reduce la probabilidad de que expresen sus emociones de forma agresiva o se aíslen.
Además, reconocer las emociones les ayuda a pedir ayuda cuando la necesitan y a entender que lo que sienten es normal. Por ejemplo, un niño que dice “tengo miedo de hablar en clase” puede trabajar con sus padres y profesores para superar esa situación, en lugar de negarse a participar sin explicación.
Estrategias para enseñar emociones en casa
- Hablar de las propias emociones: compartir cómo nos sentimos delante de ellos es el primer paso para normalizar las emociones. “Hoy estoy contento porque terminé mi proyecto” o “me siento cansado después del trabajo” les enseña que sentir es parte de la vida.
- Utilizar cuentos y películas: al ver una serie o leer un libro juntos, detenerse y preguntar: “¿Cómo crees que se siente este personaje?” o “¿qué harías tú en su lugar?”. Esto les ayuda a identificar emociones en contextos cotidianos.
- Apoyarse en material visual: las tarjetas con expresiones faciales, los dibujos de colores o los termómetros emocionales son herramientas útiles para que puedan señalar lo que sienten sin necesidad de explicarlo verbalmente.
- Crear una rutina diaria de emociones: antes de dormir, dedicar unos minutos para que cada miembro de la familia comparta algo que le hizo sentir feliz, algo que le preocupó y algo que le sorprendió. Esta práctica no solo mejora la comunicación, sino que también crea un momento de conexión familiar.
Poner nombre a sus emociones en el momento: si notas que tu hijo está irritado, puedes decir “parece que estás enfadado porque tu hermano usó tu juguete sin pedirlo”. Así aprenden a asociar lo que sienten con palabras concretas.
En Jokabide te acompañamos en este aprendizaje
Enseñar a los niños a identificar y expresar lo que sienten es un proceso que lleva tiempo, pero es uno de los regalos más valiosos que podemos darles. En Jokabide trabajamos con familias para que tengan las herramientas necesarias para crear un entorno donde los niños se sientan escuchados y puedan aprender a comunicar sus emociones de forma sana.
Si quieres que tu hijo desarrolle esta habilidad y gane confianza para expresar lo que le ocurre, podemos orientarte con estrategias personalizadas para vuestra situación familiar.